El protagonista de la historia es Benicio, un niño que asistió al encuentro con la ilusión de conseguir autógrafos de los invitados. Sin embargo, al no contar con una camiseta, una bandera o algún otro elemento donde pedir las firmas, tomó una decisión inesperada: ofrecer su propia piel como soporte para guardar esos recuerdos.
La iniciativa sorprendió a los presentes y varios aceptaron el pedido del pequeño fanático albirrojo. Entre ellos estuvo Daniel Ridner, diseñador del emblema especial que Estudiantes presentó al cumplirse veinte años de la conquista de la Copa Intercontinental. Según relató, en un principio dudó en firmar porque entendía que no era futbolista ni una figura deportiva, aunque finalmente accedió al pedido al ver el entusiasmo del niño y su interés por la historia del club.
También participó Mauro Amato, exjugador de Estudiantes, quien dejó su firma junto a las demás dedicatorias que Benicio fue reuniendo a lo largo de la jornada.
La historia trascendió luego a través de las redes sociales, donde fue compartida por Pepe Cóccaro, socio protector de la institución, quien publicó una imagen del chico mostrando orgulloso los autógrafos obtenidos durante el evento. La escena generó comentarios entre hinchas y socios del Pincha, que destacaron la pasión del pequeño y el valor de este tipo de encuentros para acercar a las nuevas generaciones a la vida del club.
Lo que comenzó como un problema, la falta de una camiseta para coleccionar firmas, terminó convirtiéndose en una anécdota que refleja el cariño y el sentido de pertenencia que despierta Estudiantes entre sus seguidores más jóvenes.
Nota original de Sergio Pomares para Diario El Día.
